El derecho a seguir siendo humanos

  Nos prometieron que los robots llegarían para liberarnos del trabajo repetitivo. Nos dijeron que la inteligencia artificial estaría a nuestro servicio, que las máquinas ampliarían nuestras capacidades y que la tecnología construiría un futuro más justo. Pero nadie nos preguntó cuánto estábamos dispuestos a entregar a cambio. Cada día, los algoritmos deciden un poco más por nosotros: qué noticias leemos, qué música escuchamos, qué productos compramos, qué caminos recorremos y hasta qué personas aparecen frente a nuestros ojos. Mientras tanto, nuestros gustos, palabras, rostros y movimientos se transforman en datos almacenados por sistemas que casi nunca comprendemos. No estamos en contra de la tecnología. Estamos en contra de convertir al ser humano en una pieza reemplazable. La rebelión comienza pensando Ser disidente no significa destruir máquinas ni rechazar todo progreso. Significa conservar la capacidad de cuestionar. Significa preguntarnos quién controla los algoritmos, quié...